¡Con Vuestra licencia Soberano Señor Sacramentado!Los siete dones del Espíritu Santo han sido explicados por los teólogos de de varias maneras. Según la opinión de Santo Tomás[1] los dones del Espíritu Santo son hábitos que capacitan al hombre para seguir, rápida y fácilmente, las iluminaciones e inspiraciones divinas.
Los dones del Espíritu Santo ¿cómo decirlo? Pues rompen o quebrantan la resistencia que a veces ponemos a la acción de Dios en nuestra alma, resistencia causada por el orgullo y por la herida que nos causó el pecado de nuestros primeros padres, el pecado original.
Los dones del espíritu Santo ayudan a estar en sintonía con Dios, a tener pronto el corazón, y así la acción de Dios deja de ser sentida como algo extraño ó peligroso y empieza a sentirse como algo dichoso e íntimo, algo que la voluntad humana acepta con gusto y alegría.
Estos siete dones del Espíritu conceden una sensibilidad especial para las cosas de Dios, un oído atento para escuchar la voz de Dios y la mano divina que quiere llevarnos por el camino de la santidad y hacer que nos parezcamos por dentro y por fuera al Señor.
Los dones del Espíritu, nos ayudan a cumplir sin resistencia la acción divina.
(1) El don de inteligencia nos ayuda a acercarnos a las profundidades de Dios, a comprender las cosas desde el punto de vista de Dios. Por medio de él, el hombre llega a comprender mucho más la Palabra de Dios contenida en la Sagrada Escritura, en las enseñanzas del magisterio eclesiástico, y en la Tradición de la Iglesia. Y también para comprender cuando Dios habla a través de frases oídas en nuestra existencia cotidiana: por la calle, por la radio, por la televisión...
También el don de inteligencia nos ayuda a entender las figuras y símbolos de la liturgia, ayudándonos a tener una conversación con Dios hasta el día en que lo veamos "cara a cara"[2].
(2) El don de ciencia nos ayuda a que poco a poco tengamos la mirada de Dios
El don de ciencia es la fuerza por la que nos sentimos atraídos hacia el bien y por la que sentimos rechazo hacia el mal; es el don que nos dirige hacia lo bueno y nos aparta de lo malo; nos enseña cómo aprovechar lo creado para lo bueno y cómo no abusar de la creación para lo malo. Es claridad en la inteligencia.
(3) El don de sabiduría nos ayuda a comprender los misterios de nuestra fe cristiana y a que las verdades que conocemos por fe hallan su sitio y se conexionan armoniosamente.
Es la sabiduría que Dios revela a los pequeños[3], una sabiduría amorosa, que va más allá de la ciencia. Mediante el don de sabiduría el hombre se va conformando con Dios en el ser, el conocimiento, el amor, la acción, el gozo, etc.
(4) El don de consejo dirige nuestros actos conforme al plan con que Dios gobierna el mundo. Nos permite entrar a formar parte de los designios de la Providencia con todo el impulso de nuestro amor y con toda libertad.
Siendo fieles a las inspiraciones del Espíritu de consejo, nos identificamos en cada uno de nuestros actos con la voluntad de Dios. El don de consejo son aquellas palabras tan entrañables del salmo: Yo te haré saber y te enseñaré el camino que debes seguir; seré tu consejero, y estarán mis ojos sobre ti[4].
(5) El don de piedad, es el que nos ayuda a vivir una relación viva con Dios y con el prójimo, que nos ayuda a salir de nuestro egoísmo y a imprimir a todas nuestras relaciones ese sentido filial y fraterno
En una religión fundada por un Crucificado y que comenzó a implantarse a través de tres siglos de persecuciones y martirios, (6) el don de fortaleza juega un papel esencial. En todo cristiano debe darse un alma de apóstol y de mártir. En nuestra conducta diaria –seamos honestos- nos falta audacia y la magnanimidad para los grandes acontecimientos, para los grandes proyectos.
El don de fortaleza nos ayuda en el heroísmo de lo pequeño y el de lo grande. El heroísmo de lo pequeño despliega su fuerza en la fidelidad absoluta a las más humildes tareas cotidianas, a los más minúsculos deberes. El heroísmo de lo pequeño lleva al heroísmo de lo grande, que resplandece en los grandes acontecimientos de los que ponen su vida al servicio de Dios.
Finalmente (7) el don de temor comunica al hombre la convicción de que Dios es infinitamente grande, le comunica el sentido de lo sagrado y señala además la dependencia de toda criatura respecto al Creador.
El don de temor no es miedo -o incluso terror- sino un temor a enturbiar las relaciones entre padre e hijo. Es un sentimiento que nos inspira aversión al pecado y nos impulsa a alejarnos de él ■
Ven, Espíritu Creador, visita las almas de los fieles; e inunda con tu gracia los corazones que Tú creaste.
Espíritu de Sabiduría, que conoces mis pensamientos más secretos, y mis deseos más íntimos, buenos y malos; ilumíname y hazme conocer lo bueno para obrarlo, y lo malo para detestarlo sinceramente.
Intensifica mi vida interior, por el don de Entendimiento.
Aconséjame en mis dudas y vacilaciones, por el don de Consejo.
Dame la energía necesaria en la lucha contra mis pasiones, por el don de Fortaleza.
Envuelve todo mi proceder en un ambiente sobrenatural, por el don de Ciencia.
Haz que me sienta hijo tuyo en todas las vicisitudes de la vida, y acuda a Ti, cual niño con afecto filial, por el don de Piedad.
Concédeme que Te venere y Te ame cual lo mereces; que ande con cautela en el sendero del bien, guiado por el don del santo Temor de Dios; que tema el pecado más que ningún otro mal; que prefiera perderlo todo antes que tu gracia; y que llegue un día a aquella feliz morada, donde Tú serás nuestra Luz y Consuelo, y, cual tierna madre; enjugas “toda lágrima de nuestros ojos”, donde no hay llanto ni dolor alguno, sino eterna felicidad. Así sea ■
[1] Santo Tomás de Aquino O.P. (1225 –1274), fue un reconocido teólogo y Doctor de la Iglesia Católica que vivió en la edad media. Máximo representante de la tradición escolástica, y padre de la Escuela Tomista de filosofía. Es conocido también como Doctor Angélico y Doctor Común. Su trabajo más conocido es la Summa Theologica, tratado en el cual postula Cinco Vías para demostrar la existencia de Dios. Canonizado en 1323, fue declarado Doctor de la Iglesia en 1567 y Patrón de las Universidades y Centros de estudio católicos en 1880. Su festividad se celebra el 28 de enero.
[2] Cfr. Misal Romano, Plegaria Eucarística III.
[3] Cfr Mt 11. 25
[4] Sal.32,2.
