4 feb 2009

1. «Al comenzar la Cuaresma un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, –son palabras del Papa Benedicto XVI en su mensaje para la Cuaresma- la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor —la oración, el ayuno y la limosna—* para disponernos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia pascual, “ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón pascual)».

2. Interesante: la Vigilia pascual, “ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón pascual).

3. ¿Debemos acercarnos entonces a la Vigilia Pascual? ¡claro que si! La Vigilia Pascual es el término de la Semana Santa, es como el amanecer, después de una noche difícil.

4. Dentro de dos semanas comenzaremos el tiempo de Cuaresma, el tiempo que la Iglesia dedica cada año a preparar –con el silencio y la penitencia- la celebración de los misterios de la pasión, muerte y resurrección del Señor.

5. Al comenzar la Cuaresma un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, –vuelvo a leer las palabras del Papa Benedicto XVI - la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor —la oración, el ayuno y la limosna—*

6. «En nuestros días –sigue diciendo el Papa- parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo.

7. »Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una “terapia” para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios.

8. »La Cuaresma es una buena ocasión (…) valorizando el significado auténtico y perenne de esta antigua práctica penitencial, que puede ayudarnos a mortificar nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo, primer y sumo mandamiento de la nueva ley y compendio /resumen de todo el Evangelio[1].

9. CUARESMA: UN ESPACIO DE TIEMPO ADECUADO PARA SALIR DEL EGOISMO.

10. ¿qué es el egoísmo? Es pensar en nosotros todo el tiempo, y que todo gire en nuestro alrededor. Es no poner a los demás y sus necesidades antes que a nosotros y las nuestras (necesidades).

11. «La práctica fiel del ayuno contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor. San Agustín, que conocía bien sus propias inclinaciones negativas (…) en su tratado La utilidad del ayuno, escribía: “Yo sufro, es verdad, para que Él me perdone; yo me castigo para que Él me socorra, para que yo sea agradable a sus ojos, para gustar su dulzura”[2].

12. »Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación.

13. »Con el ayuno y la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios.

14. »El ayuno representa una práctica ascética importante, un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos. Privarnos por voluntad propia del placer del alimento y de otros bienes materiales, ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana.

15. El ayuno –es ahora Juan Pablo II quien habla- significa un dominio sobre nosotros mismos; significa ser exigentes en las relaciones con nosotros mismos; estar prontos a renunciar a las cosas, y no sólo a los manjares, sino también a goces y placeres diversos[3].

16. En su mensaje cuaresmal, el Papa no muestra el ayuno con un tinte negativo: "¡cómo podremos nosotros despreciar nuestra carne, si el Hijo de Dios la ha asumido, convirtiéndose verdaderamente en nuestro hermano!".

17. Cuando los hombres ayunamos con una actitud interior de deseo de conversión, "en Cristo buscamos la comunión con el Tú divino. En Él buscamos nuevamente el don del amor que renueva el ser cristiano", y así nos comprometemos en la lucha contra la miseria, convirtiéndose en mensajeros del amor de Dios".

[1] Cfr. Mt 22,34-40
[2] Sermo 400, 3, 3: PL 40, 708
[3] Hom. 28-II-1979.