19 feb 2009


Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, san José mi padre y Señor, Ángel de mi guarda, interceded por mí.
Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y los llevó aparte, solos, a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos; y sus vestiduras se volvieron resplandecientes, muy blancas, tal como ningún lavandero sobre la tierra las puede emblanquecer. Y se les apareció Elías junto con Moisés, y estaban hablando con Jesús. Entonces Pedro, interviniendo, dijo a Jesús: Rabí, bueno es estarnos aquí; hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Porque él no sabía qué decir, pues estaban aterrados. Entonces se formó una nube, cubriéndolos, y una voz salió de la nube: Este es mi Hijo amado; a El oíd. Y enseguida miraron en derredor, pero ya no vieron a nadie con ellos, sino a Jesús solo. La venida de Elías Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. Y se guardaron para sí lo dicho, discutiendo entre sí qué significaría resucitar de entre los muertos. Y le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero? Y El les dijo: Es cierto que Elías, al venir primero, restaurará todas las cosas. Y, sin embargo, ¿cómo está escrito del Hijo del Hombre que padezca mucho y sea despreciado? Pero yo os digo que Elías ya ha venido, y le hicieron cuanto quisieron, tal como está escrito de él.
Este pasaje del evangelio[1] que acabamos de escuchar y que nos ayudará a hacer nuestro rato de oración ésta noche es muy conocido, ha inspirado muchísimos comentarios en la historia de la espiritualidad.

¿Por qué la fe, las prácticas religiosas están en declive y no parecen constituir, al menos para la mayoría, el punto de fuerza en la vida?

Aún más: ¿Por qué el tedio, el cansancio, la molestia al cumplir los propios deberes de creyentes? ¿Por qué los jóvenes no sienten que les atraen? ¿Por qué, en resumen, esta monotonía y esta falta de gozo entre los creyentes en Cristo?

Precisamente el episodio de la Transfiguración del Señor, a pocos días de comenzar el tiempo de Cuaresma puede ayudarnos a dar respuesta a estos interrogantes.

¿Qué significó la transfiguración para los tres discípulos que la presenciaron? Hasta entonces habían conocido a Jesús en su apariencia externa, un hombre no distinto a los demás, de quien conocían su procedencia, sus costumbres, su tono de voz... Ahora conocen a otro Jesús, al verdadero Jesús, al que no se consigue ver con los ojos de todos los días, a la luz normal del sol, sino que es fruto de una revelación imprevista, de un cambio, de un don.

Para que las cosas cambien también para nosotros, como para aquellos tres discípulos en el Tabor, es necesario que suceda en nuestra vida algo semejante a lo que ocurre a un chico o a una chica cuando se enamoran.

En el enamoramiento el otro, el amado, que antes era uno de tantos, o tal vez un desconocido, de golpe se convierte en único, el único que interesa en el mundo. Todo lo demás retrocede y se sitúa en un fondo neutro. No se es capaz de pensar en otra cosa. Sucede una auténtica transfiguración.

La persona amada se contempla como en un halo luminoso. Todo aparece bello en ella, hasta los defectos. Si acaso, se siente indignidad hacia ella. El amor verdadero genera humildad. Algo cambia también concretamente hasta en los hábitos de vida.

Hay chicos jóvenes a chicos a quienes por la mañana sus padres no lograban sacar de la cama para ir al colegio; si se les encontraba un trabajo, en poco tiempo lo abandonaban; o bien descuidaban los estudios. Después, cuando se han enamorado de alguien y se han hecho novios, por la mañana saltan de la cama, están impacientes por finalizar los estudios, si tienen un trabajo lo cuidan mucho. ¿Qué ha ocurrido? Nada, sencillamente lo que antes hacían por constricción ahora lo hacen por atracción.

La atracción es capaz e hacer cosas que ninguna otra cosa logra; pone alas a los pies. «Cada uno», decía el poeta Ovidio, «es atraído por el objeto del propio placer».

Pues algo similar debería suceder una vez en la vida para ser verdaderos cristianos, convencidos, gozosos se serlo. «¡Pero al novio o a la novia se le le ve, se toca!». Respondo: también a Jesús se le ve y se le toca, pero con otros ojos y con otras manos: del corazón, de la fe. Jesús está resucitado y está vivo. Es un ser concreto, no una abstracción, para quien ha tenido esta experiencia y este conocimiento. Más aún, con Jesús las cosas van incluso mejor.

En el enamoramiento humano siempre hay cambios y sorpresas, a veces desagradables.
11. En el caso de Jesús, cuanto más se le conoce y se está a su lado, más se descubren nuevos motivos para estar enamorados de Él y seguros de la propia elección.

Esto no quiere decir que hay que estar tranquilos y esperar, también con Cristo, el clásico «flechazo». Si un chico, o una chica, pasa todo el tiempo encerrado en casa sin ver a nadie, jamás sucederá nada en su vida. ¡Para enamorarse hay que frecuentarse! Si uno está convencido, o sencillamente comienza a pensar que tal vez conocer a Jesús de este modo distinto, trasfigurado, es bello y vale la pena, entonces es necesario que empiece a «frecuentarlo», a leer sus escritos. ¡Sus cartas de amor son el Evangelio!

Es ahí donde Él se revela, se «transfigura». Su casa es la Iglesia: es ahí donde se le encuentra ■
[1] Mc 9, 2-13.

12 feb 2009

Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, san José mi padre y Señor, Ángel de mi guarda, interceded por mí.

Levantándose Jesús de allí, se fue a la región de Tiro, y entrando en una casa, no quería que nadie lo supiera, pero no pudo pasar inadvertido; sino que enseguida, al oír hablar de El, una mujer cuya hijita tenía un espíritu inmundo, fue y se postró a sus pies. La mujer era gentil, sirofenicia de nacimiento; y le rogaba que echara fuera de su hija al demonio. Y El le decía: Deja que primero los hijos se sacien, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. Pero ella respondió y le dijo: Es cierto, Señor; pero aun los perrillos debajo de la mesa comen las migajas de los hijos. Y El le dijo: Por esta respuesta, vete; el demonio ha salido de tu hija. Cuando ella volvió a su casa, halló que la niña estaba acostada en la cama, y que el demonio había salido ■ Mc 7, 24-30.
El evangelio de la liturgia de hoy la liturgia es el que nos ayuda a hacer nuestro rato de oración delante de nuestro Señor Sacramentado[1].

El hecho, con unas pequeñas variantes, también lo cuenta San Mateo en su evangelio[2].

El texto es de una belleza incomparable: aquella mujer, que NO tenía la fe del pueblo judío, es decir, que NO esperaba la llegada de un Mesías, le llama Señor a Jesús, es decir, reconoce en Jesús algo grande, e incluso poderoso pues le pide que sane a su hija.

Todo esto nos lleva a pensar, nos ayuda a reflexionar sobre el hecho de que Dios está abierto a TODOS, a absolutamente todos, y que su salvación –el hecho de la redención- está abierta para aquellos incluso que han nacido lejos de la fe cristiana.

“Ah! ¿entonces todos se pueden salvar?” Sí. Todo hombre o mujer que sigue su conciencia y que hace el bien y evita el mal, alcanza la salvación.

“¿Entonces todas las religiones son iguales?” No. Sin embargo todas tienen lo que se ha llamado semillas de Verdad, y pueden preparar o conducir hacia la Verdad.

“Nah! Una de las tragedias más grandes de la humanidad es que cada uno dice que su religión es la verdadera. Por eso estamos todos divididos”.

Ciertamente es una tragedia. Y ciertamente estamos divididos. Es una pena que todos nos sintamos en posesión de la Verdad, pero la Verdad es Una.

Lo que importa es que los que estamos aquí hemos nacido en el seno de una familia católica y dentro de la Iglesia católica es donde nosotros concretamente encontramos el camino para salvarnos.

¿Salva entonces la Iglesia? Noup. La salvación nos viene por Jesucristo.

Como ya hemos dicho otras muchas veces, la Iglesia es el lugar que conserva las enseñanzas y los mandatos del Señor y nos los transmite; nos da los medios para conocer mejor la vida y obra del Señor.

“¡Pero la Iglesia los ha ensuciado!” es verdad. Ha cometido miles de errores, sin embargo ha sobrevivido y no se ha hundido. La barca de Pedro sigue bregando.

El Cardenal de Lubac, un hombre muy interesante en la época del Concilio Vaticano II escribió sobre la Iglesia algo que quisiera leer ésta noche delante del Señor:

«Esta Patria de la Libertad [...] se nos ha manifestado en su majestad real y en su esplendor celestial en la entraña misma de nuestra realidad terrena, en el seno de las oscuridades y de las torpezas que comporta inevitablemente la misión que realiza entre los hombres.

»La hemos amado con un amor creciente tal como es, no sólo en su constitución ideal, sino tal como se nos manifiesta a lo largo de su historia y, más especialmente, tal como se nos muestra en nuestros mismos días.

»Nos ha robado el corazón. Y por eso mismo, ya que «el corazón habla al corazón», abrigamos la esperanza de que también otros [...] podrán encontrar una ayuda en aquello mismo que tanto nos ayudó»[3]

“¿Importa entonces Jesucristo o la Iglesia, padre?”

Importan los dos. Jesucristo como Señor del universo, como juez único de la historia, como Segunda persona de la Santísima Trinidad hecha carne como la de nosotros, y la Iglesia, como su esposa, como la transmisora de sus enseñanzas y mandatos.

“¿Dónde debo poner mi fe entonces?” En lo que profesamos todos los domingos: Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso...

Sirve mucho detenernos en el Credo y pensar qué es lo que estamos diciendo. El Credo es como la columna vertebral de nuestra fe, de nuestras creencias, ahí se resume todo.

Y ¡ojo! En el credo no se menciona ni a los sacerdotes, ni a los obispos, ni a los papas… no es en estas personas concretas en quien debe estar puesta nuestra fe.

“¡la Jerarquía de la Iglesia está corrompida. Todos son traidores y vendidos”. Veamos.

¿Se vale juzgar a todos por los errores de unos cuantos? Si tu respuesta fuese afirmativa, entonces nadie, absolutamente nadie, estaríamos a salvo: si gran parte de la droga viene de Colombia, entonces todos los colombianos son unos narcotraficantes; si en México cada persona lee aproximadamente un libro y medio por año, entonces todos los mexicanos somos unos incultos analfabetas; si Israel ataca la Franja de Gaza, entonces todos los judíos son unos asesinos; si Hamas lanza bombas contra blancos civiles judíos, entonces todos los palestinos son terroristas…
¿Nos damos cuenta del peligro de las generalizaciones? Evidentemente ni todos los colombianos son narcotraficantes, ni todos los mexicanos somos analfabetas, ni todos los judíos son asesinos, ni todos los palestinos son terroristas…

En el fondo de todo esto está lo más importante. bueno, en el fondo y en la superficie y en todo: la fe sólo se sostiene cuando está puesta en Jesucristo ■

[1] Mc 7, 24.
[2] Crr Mt 15, 21.28.
[3] H. de Lubac, Meditación sobre la Iglesia, Bilbao 1961, pp. 7-8.

4 feb 2009

Hora Santa 5-II-2009

Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, entonces tuvo hambre. Y acercándose el tentador, le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Pero El respondiendo, dijo: Escrito está: "NO SOLO DE PAN VIVIRA EL HOMBRE, SINO DE TODA PALABRA QUE SALE DE LA BOCA DE DIOS". Entonces el diablo le llevó a la ciudad santa, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, lánzate abajo, pues escrito está: "A SUS ANGELES TE ENCOMENDARA", y: "EN LAS MANOS TE LLEVARAN, NO SEA QUE TU PIE TROPIECE EN PIEDRA". Jesús le dijo: También está escrito: "NO TENTARAS AL SEÑOR TU DIOS". Otra vez el diablo le llevó a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrándote me adoras. Entonces Jesús le dijo: ¡Vete, Satanás! Porque escrito está: "AL SEÑOR TU DIOS ADORARAS, Y SOLO A EL SERVIRAS". El diablo entonces le dejó; y he aquí, ángeles vinieron y le servían ■
1. «Al comenzar la Cuaresma un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, –son palabras del Papa Benedicto XVI en su mensaje para la Cuaresma- la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor —la oración, el ayuno y la limosna—* para disponernos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia pascual, “ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón pascual)».

2. Interesante: la Vigilia pascual, “ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón pascual).

3. ¿Debemos acercarnos entonces a la Vigilia Pascual? ¡claro que si! La Vigilia Pascual es el término de la Semana Santa, es como el amanecer, después de una noche difícil.

4. Dentro de dos semanas comenzaremos el tiempo de Cuaresma, el tiempo que la Iglesia dedica cada año a preparar –con el silencio y la penitencia- la celebración de los misterios de la pasión, muerte y resurrección del Señor.

5. Al comenzar la Cuaresma un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, –vuelvo a leer las palabras del Papa Benedicto XVI - la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor —la oración, el ayuno y la limosna—*

6. «En nuestros días –sigue diciendo el Papa- parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo.

7. »Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una “terapia” para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios.

8. »La Cuaresma es una buena ocasión (…) valorizando el significado auténtico y perenne de esta antigua práctica penitencial, que puede ayudarnos a mortificar nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo, primer y sumo mandamiento de la nueva ley y compendio /resumen de todo el Evangelio[1].

9. CUARESMA: UN ESPACIO DE TIEMPO ADECUADO PARA SALIR DEL EGOISMO.

10. ¿qué es el egoísmo? Es pensar en nosotros todo el tiempo, y que todo gire en nuestro alrededor. Es no poner a los demás y sus necesidades antes que a nosotros y las nuestras (necesidades).

11. «La práctica fiel del ayuno contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor. San Agustín, que conocía bien sus propias inclinaciones negativas (…) en su tratado La utilidad del ayuno, escribía: “Yo sufro, es verdad, para que Él me perdone; yo me castigo para que Él me socorra, para que yo sea agradable a sus ojos, para gustar su dulzura”[2].

12. »Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación.

13. »Con el ayuno y la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios.

14. »El ayuno representa una práctica ascética importante, un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos. Privarnos por voluntad propia del placer del alimento y de otros bienes materiales, ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana.

15. El ayuno –es ahora Juan Pablo II quien habla- significa un dominio sobre nosotros mismos; significa ser exigentes en las relaciones con nosotros mismos; estar prontos a renunciar a las cosas, y no sólo a los manjares, sino también a goces y placeres diversos[3].

16. En su mensaje cuaresmal, el Papa no muestra el ayuno con un tinte negativo: "¡cómo podremos nosotros despreciar nuestra carne, si el Hijo de Dios la ha asumido, convirtiéndose verdaderamente en nuestro hermano!".

17. Cuando los hombres ayunamos con una actitud interior de deseo de conversión, "en Cristo buscamos la comunión con el Tú divino. En Él buscamos nuevamente el don del amor que renueva el ser cristiano", y así nos comprometemos en la lucha contra la miseria, convirtiéndose en mensajeros del amor de Dios".

[1] Cfr. Mt 22,34-40
[2] Sermo 400, 3, 3: PL 40, 708
[3] Hom. 28-II-1979.