19 feb 2009


Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, san José mi padre y Señor, Ángel de mi guarda, interceded por mí.
Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y los llevó aparte, solos, a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos; y sus vestiduras se volvieron resplandecientes, muy blancas, tal como ningún lavandero sobre la tierra las puede emblanquecer. Y se les apareció Elías junto con Moisés, y estaban hablando con Jesús. Entonces Pedro, interviniendo, dijo a Jesús: Rabí, bueno es estarnos aquí; hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Porque él no sabía qué decir, pues estaban aterrados. Entonces se formó una nube, cubriéndolos, y una voz salió de la nube: Este es mi Hijo amado; a El oíd. Y enseguida miraron en derredor, pero ya no vieron a nadie con ellos, sino a Jesús solo. La venida de Elías Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. Y se guardaron para sí lo dicho, discutiendo entre sí qué significaría resucitar de entre los muertos. Y le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero? Y El les dijo: Es cierto que Elías, al venir primero, restaurará todas las cosas. Y, sin embargo, ¿cómo está escrito del Hijo del Hombre que padezca mucho y sea despreciado? Pero yo os digo que Elías ya ha venido, y le hicieron cuanto quisieron, tal como está escrito de él.
Este pasaje del evangelio[1] que acabamos de escuchar y que nos ayudará a hacer nuestro rato de oración ésta noche es muy conocido, ha inspirado muchísimos comentarios en la historia de la espiritualidad.

¿Por qué la fe, las prácticas religiosas están en declive y no parecen constituir, al menos para la mayoría, el punto de fuerza en la vida?

Aún más: ¿Por qué el tedio, el cansancio, la molestia al cumplir los propios deberes de creyentes? ¿Por qué los jóvenes no sienten que les atraen? ¿Por qué, en resumen, esta monotonía y esta falta de gozo entre los creyentes en Cristo?

Precisamente el episodio de la Transfiguración del Señor, a pocos días de comenzar el tiempo de Cuaresma puede ayudarnos a dar respuesta a estos interrogantes.

¿Qué significó la transfiguración para los tres discípulos que la presenciaron? Hasta entonces habían conocido a Jesús en su apariencia externa, un hombre no distinto a los demás, de quien conocían su procedencia, sus costumbres, su tono de voz... Ahora conocen a otro Jesús, al verdadero Jesús, al que no se consigue ver con los ojos de todos los días, a la luz normal del sol, sino que es fruto de una revelación imprevista, de un cambio, de un don.

Para que las cosas cambien también para nosotros, como para aquellos tres discípulos en el Tabor, es necesario que suceda en nuestra vida algo semejante a lo que ocurre a un chico o a una chica cuando se enamoran.

En el enamoramiento el otro, el amado, que antes era uno de tantos, o tal vez un desconocido, de golpe se convierte en único, el único que interesa en el mundo. Todo lo demás retrocede y se sitúa en un fondo neutro. No se es capaz de pensar en otra cosa. Sucede una auténtica transfiguración.

La persona amada se contempla como en un halo luminoso. Todo aparece bello en ella, hasta los defectos. Si acaso, se siente indignidad hacia ella. El amor verdadero genera humildad. Algo cambia también concretamente hasta en los hábitos de vida.

Hay chicos jóvenes a chicos a quienes por la mañana sus padres no lograban sacar de la cama para ir al colegio; si se les encontraba un trabajo, en poco tiempo lo abandonaban; o bien descuidaban los estudios. Después, cuando se han enamorado de alguien y se han hecho novios, por la mañana saltan de la cama, están impacientes por finalizar los estudios, si tienen un trabajo lo cuidan mucho. ¿Qué ha ocurrido? Nada, sencillamente lo que antes hacían por constricción ahora lo hacen por atracción.

La atracción es capaz e hacer cosas que ninguna otra cosa logra; pone alas a los pies. «Cada uno», decía el poeta Ovidio, «es atraído por el objeto del propio placer».

Pues algo similar debería suceder una vez en la vida para ser verdaderos cristianos, convencidos, gozosos se serlo. «¡Pero al novio o a la novia se le le ve, se toca!». Respondo: también a Jesús se le ve y se le toca, pero con otros ojos y con otras manos: del corazón, de la fe. Jesús está resucitado y está vivo. Es un ser concreto, no una abstracción, para quien ha tenido esta experiencia y este conocimiento. Más aún, con Jesús las cosas van incluso mejor.

En el enamoramiento humano siempre hay cambios y sorpresas, a veces desagradables.
11. En el caso de Jesús, cuanto más se le conoce y se está a su lado, más se descubren nuevos motivos para estar enamorados de Él y seguros de la propia elección.

Esto no quiere decir que hay que estar tranquilos y esperar, también con Cristo, el clásico «flechazo». Si un chico, o una chica, pasa todo el tiempo encerrado en casa sin ver a nadie, jamás sucederá nada en su vida. ¡Para enamorarse hay que frecuentarse! Si uno está convencido, o sencillamente comienza a pensar que tal vez conocer a Jesús de este modo distinto, trasfigurado, es bello y vale la pena, entonces es necesario que empiece a «frecuentarlo», a leer sus escritos. ¡Sus cartas de amor son el Evangelio!

Es ahí donde Él se revela, se «transfigura». Su casa es la Iglesia: es ahí donde se le encuentra ■
[1] Mc 9, 2-13.

12 feb 2009

Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, san José mi padre y Señor, Ángel de mi guarda, interceded por mí.

Levantándose Jesús de allí, se fue a la región de Tiro, y entrando en una casa, no quería que nadie lo supiera, pero no pudo pasar inadvertido; sino que enseguida, al oír hablar de El, una mujer cuya hijita tenía un espíritu inmundo, fue y se postró a sus pies. La mujer era gentil, sirofenicia de nacimiento; y le rogaba que echara fuera de su hija al demonio. Y El le decía: Deja que primero los hijos se sacien, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. Pero ella respondió y le dijo: Es cierto, Señor; pero aun los perrillos debajo de la mesa comen las migajas de los hijos. Y El le dijo: Por esta respuesta, vete; el demonio ha salido de tu hija. Cuando ella volvió a su casa, halló que la niña estaba acostada en la cama, y que el demonio había salido ■ Mc 7, 24-30.
El evangelio de la liturgia de hoy la liturgia es el que nos ayuda a hacer nuestro rato de oración delante de nuestro Señor Sacramentado[1].

El hecho, con unas pequeñas variantes, también lo cuenta San Mateo en su evangelio[2].

El texto es de una belleza incomparable: aquella mujer, que NO tenía la fe del pueblo judío, es decir, que NO esperaba la llegada de un Mesías, le llama Señor a Jesús, es decir, reconoce en Jesús algo grande, e incluso poderoso pues le pide que sane a su hija.

Todo esto nos lleva a pensar, nos ayuda a reflexionar sobre el hecho de que Dios está abierto a TODOS, a absolutamente todos, y que su salvación –el hecho de la redención- está abierta para aquellos incluso que han nacido lejos de la fe cristiana.

“Ah! ¿entonces todos se pueden salvar?” Sí. Todo hombre o mujer que sigue su conciencia y que hace el bien y evita el mal, alcanza la salvación.

“¿Entonces todas las religiones son iguales?” No. Sin embargo todas tienen lo que se ha llamado semillas de Verdad, y pueden preparar o conducir hacia la Verdad.

“Nah! Una de las tragedias más grandes de la humanidad es que cada uno dice que su religión es la verdadera. Por eso estamos todos divididos”.

Ciertamente es una tragedia. Y ciertamente estamos divididos. Es una pena que todos nos sintamos en posesión de la Verdad, pero la Verdad es Una.

Lo que importa es que los que estamos aquí hemos nacido en el seno de una familia católica y dentro de la Iglesia católica es donde nosotros concretamente encontramos el camino para salvarnos.

¿Salva entonces la Iglesia? Noup. La salvación nos viene por Jesucristo.

Como ya hemos dicho otras muchas veces, la Iglesia es el lugar que conserva las enseñanzas y los mandatos del Señor y nos los transmite; nos da los medios para conocer mejor la vida y obra del Señor.

“¡Pero la Iglesia los ha ensuciado!” es verdad. Ha cometido miles de errores, sin embargo ha sobrevivido y no se ha hundido. La barca de Pedro sigue bregando.

El Cardenal de Lubac, un hombre muy interesante en la época del Concilio Vaticano II escribió sobre la Iglesia algo que quisiera leer ésta noche delante del Señor:

«Esta Patria de la Libertad [...] se nos ha manifestado en su majestad real y en su esplendor celestial en la entraña misma de nuestra realidad terrena, en el seno de las oscuridades y de las torpezas que comporta inevitablemente la misión que realiza entre los hombres.

»La hemos amado con un amor creciente tal como es, no sólo en su constitución ideal, sino tal como se nos manifiesta a lo largo de su historia y, más especialmente, tal como se nos muestra en nuestros mismos días.

»Nos ha robado el corazón. Y por eso mismo, ya que «el corazón habla al corazón», abrigamos la esperanza de que también otros [...] podrán encontrar una ayuda en aquello mismo que tanto nos ayudó»[3]

“¿Importa entonces Jesucristo o la Iglesia, padre?”

Importan los dos. Jesucristo como Señor del universo, como juez único de la historia, como Segunda persona de la Santísima Trinidad hecha carne como la de nosotros, y la Iglesia, como su esposa, como la transmisora de sus enseñanzas y mandatos.

“¿Dónde debo poner mi fe entonces?” En lo que profesamos todos los domingos: Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso...

Sirve mucho detenernos en el Credo y pensar qué es lo que estamos diciendo. El Credo es como la columna vertebral de nuestra fe, de nuestras creencias, ahí se resume todo.

Y ¡ojo! En el credo no se menciona ni a los sacerdotes, ni a los obispos, ni a los papas… no es en estas personas concretas en quien debe estar puesta nuestra fe.

“¡la Jerarquía de la Iglesia está corrompida. Todos son traidores y vendidos”. Veamos.

¿Se vale juzgar a todos por los errores de unos cuantos? Si tu respuesta fuese afirmativa, entonces nadie, absolutamente nadie, estaríamos a salvo: si gran parte de la droga viene de Colombia, entonces todos los colombianos son unos narcotraficantes; si en México cada persona lee aproximadamente un libro y medio por año, entonces todos los mexicanos somos unos incultos analfabetas; si Israel ataca la Franja de Gaza, entonces todos los judíos son unos asesinos; si Hamas lanza bombas contra blancos civiles judíos, entonces todos los palestinos son terroristas…
¿Nos damos cuenta del peligro de las generalizaciones? Evidentemente ni todos los colombianos son narcotraficantes, ni todos los mexicanos somos analfabetas, ni todos los judíos son asesinos, ni todos los palestinos son terroristas…

En el fondo de todo esto está lo más importante. bueno, en el fondo y en la superficie y en todo: la fe sólo se sostiene cuando está puesta en Jesucristo ■

[1] Mc 7, 24.
[2] Crr Mt 15, 21.28.
[3] H. de Lubac, Meditación sobre la Iglesia, Bilbao 1961, pp. 7-8.

4 feb 2009

Hora Santa 5-II-2009

Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, entonces tuvo hambre. Y acercándose el tentador, le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Pero El respondiendo, dijo: Escrito está: "NO SOLO DE PAN VIVIRA EL HOMBRE, SINO DE TODA PALABRA QUE SALE DE LA BOCA DE DIOS". Entonces el diablo le llevó a la ciudad santa, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, lánzate abajo, pues escrito está: "A SUS ANGELES TE ENCOMENDARA", y: "EN LAS MANOS TE LLEVARAN, NO SEA QUE TU PIE TROPIECE EN PIEDRA". Jesús le dijo: También está escrito: "NO TENTARAS AL SEÑOR TU DIOS". Otra vez el diablo le llevó a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrándote me adoras. Entonces Jesús le dijo: ¡Vete, Satanás! Porque escrito está: "AL SEÑOR TU DIOS ADORARAS, Y SOLO A EL SERVIRAS". El diablo entonces le dejó; y he aquí, ángeles vinieron y le servían ■
1. «Al comenzar la Cuaresma un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, –son palabras del Papa Benedicto XVI en su mensaje para la Cuaresma- la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor —la oración, el ayuno y la limosna—* para disponernos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia pascual, “ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón pascual)».

2. Interesante: la Vigilia pascual, “ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón pascual).

3. ¿Debemos acercarnos entonces a la Vigilia Pascual? ¡claro que si! La Vigilia Pascual es el término de la Semana Santa, es como el amanecer, después de una noche difícil.

4. Dentro de dos semanas comenzaremos el tiempo de Cuaresma, el tiempo que la Iglesia dedica cada año a preparar –con el silencio y la penitencia- la celebración de los misterios de la pasión, muerte y resurrección del Señor.

5. Al comenzar la Cuaresma un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, –vuelvo a leer las palabras del Papa Benedicto XVI - la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor —la oración, el ayuno y la limosna—*

6. «En nuestros días –sigue diciendo el Papa- parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo.

7. »Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una “terapia” para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios.

8. »La Cuaresma es una buena ocasión (…) valorizando el significado auténtico y perenne de esta antigua práctica penitencial, que puede ayudarnos a mortificar nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo, primer y sumo mandamiento de la nueva ley y compendio /resumen de todo el Evangelio[1].

9. CUARESMA: UN ESPACIO DE TIEMPO ADECUADO PARA SALIR DEL EGOISMO.

10. ¿qué es el egoísmo? Es pensar en nosotros todo el tiempo, y que todo gire en nuestro alrededor. Es no poner a los demás y sus necesidades antes que a nosotros y las nuestras (necesidades).

11. «La práctica fiel del ayuno contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor. San Agustín, que conocía bien sus propias inclinaciones negativas (…) en su tratado La utilidad del ayuno, escribía: “Yo sufro, es verdad, para que Él me perdone; yo me castigo para que Él me socorra, para que yo sea agradable a sus ojos, para gustar su dulzura”[2].

12. »Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación.

13. »Con el ayuno y la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios.

14. »El ayuno representa una práctica ascética importante, un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos. Privarnos por voluntad propia del placer del alimento y de otros bienes materiales, ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana.

15. El ayuno –es ahora Juan Pablo II quien habla- significa un dominio sobre nosotros mismos; significa ser exigentes en las relaciones con nosotros mismos; estar prontos a renunciar a las cosas, y no sólo a los manjares, sino también a goces y placeres diversos[3].

16. En su mensaje cuaresmal, el Papa no muestra el ayuno con un tinte negativo: "¡cómo podremos nosotros despreciar nuestra carne, si el Hijo de Dios la ha asumido, convirtiéndose verdaderamente en nuestro hermano!".

17. Cuando los hombres ayunamos con una actitud interior de deseo de conversión, "en Cristo buscamos la comunión con el Tú divino. En Él buscamos nuevamente el don del amor que renueva el ser cristiano", y así nos comprometemos en la lucha contra la miseria, convirtiéndose en mensajeros del amor de Dios".

[1] Cfr. Mt 22,34-40
[2] Sermo 400, 3, 3: PL 40, 708
[3] Hom. 28-II-1979.

28 ene 2009

En Aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: ¿Por qué me llamáis: "Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? Todo el que viene a mí y oye mis palabras y las pone en práctica, os mostraré a quién es semejante: es semejante a un hombre que al edificar una casa, cavó hondo y echó cimiento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el torrente dio con fuerza contra aquella casa, pero no pudo moverla porque había sido bien construida. Pero el que ha oído y no ha hecho nada, es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin echar cimiento; y el torrente dio con fuerza contra ella y al instante se desplomó, y fue grande la ruina de aquella casa" ■ Lc 4, 46.
El jueves pasado en nuestro rato de oración delante del Señor hablábamos de la necesidad de darnos más a los demás, de salir de nuestra zona de confort. De ése dar hasta que duela, que mencionaba Madre Teresa de Calcuta. Y mencionábamos en concreto una de las siete obras de misericordia: visitar a los enfermos. Sin embargo no podemos ni debemos descuidar las otras. Las obras de misericordia –corporales y espirituales- son como las herramientas que nos ayudan a configurarnos con Cristo, a parecernos más a Él en nuestro día a día. En realidad ése es nuestro ideal: ser como Cristo.

Obras de misericordia espirituales:

1. Dar buen consejo al que lo necesita…Aconsejar, no criticar!...

2. Enseñar a los ignorantes….es decir, a quienes necesitan de educación para no vivir en la miseria intelectual...

3. Corregir al que se equivoca… A aquellos jóvenes amigos nuestros que equivocan el camino, aun cuando se enojen, aun cuando la amistad parezca que termina. Tenemos la obligación de decir cuando se esta actuando mal.

4. Consolar a los afligidos… Afligidos por la perdida (no necesariamente física) de un ser querido..

5. Perdonar las ofensas…una...dos...hasta setenta veces siete!...

6. Sufrir con paciencia los defectos del prójimo… En la oficina...en el colegio, de todas maneras, ellos sufren los nuestros!

7. Rezar a Dios por los vivos y los difuntos…Hoy por ti...mañana por mi!...

Y también están las obras de misericordia corporales:

1. Dar de comer al hambriento… Familias de muchos hijos y pocos recursos, Instituciones de Caridad, las viudas o las que se han quedado sin esposo. Invitar a comer a quien sabemos come habitualmente solo, o necesita compañía.

2. Dar de beber al sediento… al que tiene sed de amor, sed de compañía, sed de perdón...

3. Vestir al desnudo, no a quien no tiene prendas de vestir, sino a quien se las quita. Al desnudo de amor, a los niños abandonados; a quienes han sufrido el drama del divorcio o de un hogar roto.

4. Dar posada al forastero: brindarle cariño a los amigos de nuestros hijos que tienen hogares desintegrados y buscan calor de hogar en el nuestro. Al homeless al menos preguntarle cómo se llama, o invitarlo a comer.

5. Visitar a los enfermos, es decir, enfermos en hospitales que nadie visita…ayudar a quienes viven el drama de la drogadicción, o del alcoholismo; de la depresión o la esquizofrenia, etc.

6. Visitar a los encarcelados, quienes se encuentran físicamente encarcelados o dentro de la depresión y soledad; a los desesperados y tristes, a los encarcelados por las garras del pecado...

7. Enterrar a los muertos, es decir, a los que mueren físicamente, pero también enterrar todo aquello que daña el alma: la pornografía, la adicción a los juegos, etc.
La Iglesia –son palabras de Juan Pablo II- proclama la verdad de la misericordia de Dios, revelada en Cristo crucificado y resucitado, y la profesa de varios modos. Además, trata de practicar la misericordia para con los hombres a través de los hombres, viendo en ello una condición indispensable de la solicitud por un mundo mejor y « más humano », hoy y mañana.

Sin embargo, en ningún momento y en ningún período histórico —especialmente en una época tan crítica como la nuestra—la Iglesia puede olvidar la oración que es un grito a la misericordia de Dios ante las múltiples formas de mal que pesan sobre la humanidad y la amenazan.

Precisamente éste es el fundamental derecho-deber de la Iglesia en Jesucristo: es el derecho-deber de la Iglesia para con Dios y para con los hombres. La conciencia humana, cuanto más pierde el sentido del significado mismo de la palabra « misericordia », sucumbiendo a la secularización; cuanto más se distancia del misterio de la misericordia alejándose de Dios, tanto más la Iglesia tiene el derecho y el deber de recurrir al Dios de la misericordia « con poderosos clamores ».135 Estos poderosos clamores deben estar presentes en la Iglesia de nuestros tiempos, dirigidos a Dios, para implorar su misericordia, cuya manifestación ella profesa y proclama en cuanto realizada en Jesús crucificado y resucitado, esto es, en el misterio pascual. Es este misterio el que lleva en sí la más completa revelación de la misericordia, es decir, del amor que es más fuerte que la muerte, más fuerte que el pecado y que todo mal, del amor que eleva al hombre de las caídas graves y lo libera de las más grandes amenazas[1].

[1] Dives in Misericordia, n. 15

Paz y amor. Amor y paz.

A propósito de tantas guerras y justo porque la gente habla de que "hay que amarse los unos a los otros", son muchos los que se te quedan mirando y te preguntan: ¿y amar, qué es: un calorcillo en el corazón? ¿Cómo se hace eso de amar, sobre todo cuando se trata de desconocidos o semiconocidos? ¿Amar son, tal vez, solamente algunos impresionantes gestos heroicos?

Un amigo mío, Amado Sáez de Ibarra, publicó hace muchos años un folleto que se titulaba "El arte de amar" y en él ofrecía una serie de pequeños gestos de amor, de esos que seguramente no cambian el mundo, pero que, por un lado, lo hacen más vividero y, por otro, estiran el corazón de quien los hace.

Siguiendo su ejemplo voy a ofrecer aquí una lista de 24 pequeñas maneras de amar:

- Aprenderse los nombres de la gente que trabaja con nosotros o de los que nos cruzamos en el ascensor y tratarles luego por su nombre.

- Estudiar los gustos ajenos y tratar de complacerles.

- Pensar, por principio, bien de todo el mundo.

- Tener la manía de hacer el bien, sobre todo a los que no se la merecerían teóricamente.

- Sonreír. Sonreír a todas horas. Con ganas o sin ellas.

- Multiplicar el saludo, incluso a los semiconocidos.

- Visitar a los enfermos, sobre todo sin son crónicos.

- Prestar libros aunque te pierdan alguno. Devolverlos tú.

- Hacer favores. Y concederlos antes de que terminen de pedírtelos.

- Olvidar ofensas. Y sonreír especialmente a los ofensores.

- Aguantar a los pesados. No poner cara de vinagre escuchándolos.

- Tratar con antipáticos. Conversar con los sordos sin ponerte nervioso.

- Contestar, si te es posible, a todas las cartas.

- Entretener a los niños chiquitines. No pensar que con ellos pierdes el tiempo.

- Animar a los viejos. No engañarles como chiquillos, peros subrayar todo lo positivo que encuentres en ellos.

- Recordar las fechas de los santos y cumpleaños de los conocidos y amigos.

-Hacer regalos muy pequeños, que demuestren el cariño pero no crean obligación de ser compensados con otro regalo.

- Acudir puntualmente a las citas, aunque tengas que esperar tú.

- Contarle a la gente cosas buenas que alguien ha dicho de ellos.

- Dar buenas noticias.

- No contradecir por sistema a todos los que hablan con nosotros.

- Exponer nuestras razones en las discusiones, pero sin tratar de aplastar.

- Mandar con tono suave. No gritar nunca.

- Corregir de modo que se note que te duele el hacerlo.

La lista podría ser interminable y los ejemplos similares infinitos. Y ya sé que son minucias. Pero con muchos millones de pequeñas minucias como éstas el mundo se haría más habitable ■ José Luis Martín Descalzo

21 ene 2009

María, Madre del redentor, implora para nosotros el don de la paz de Cristo.
Tú diste a luz al Salvador del mundo, enviado a anunciar la paz a los cercanos y lejanos y a reunir a los hombres de toda raza y estirpe en una sola familia.
Escucha las súplicas de tus hijos, por los pueblos que sufren, haz que pronto claree para ellos el alba de la paz y de la vida nueva.
Virgen de los Dolores, acuérdate de cuantos son víctimas de la guerra, haz que se unan a los sufrimientos de Cristo, tu Hijo, ayúdales a seguirlo por el camino del Calvario, para descubrir en la Cruz el secreto de una vida nueva, no ya sujeta a muerte.
Habla a los corazones de los responsables de la suerte de los pueblos, que trabajen por una paz duradera y benéfica.
Virgen gloriosa, Reina de la paz, reaviva en todos los hombres la esperanza del encuentro feliz con Dios, Señor de la paz y de la vida, Padre de todos.
Amén.

Hora Santa 22.I.2009

De la Iglesia de Dios en Gaza a los queridos santos de Palestina y de todo el mundo:

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios Padre y la comunión del Espíritu Santo sea con todos vosotros.

Desde el valle de las lágrimas, desde Gaza bañada en su sangre, una sangre que ha sofocado la felicidad en el corazón de un millón y medio de habitantes, os dirijo estas palabras de fe y esperanza. No utilizaré la palabra "amor", esa palabra se ha quedado atragantada incluso en nuestras gargantas de cristianos. Los sacerdotes de la Iglesia levantan el estandarte de la esperanza para que Dios se apiade y compadezca de nosotros dejando para Él un resto en Gaza, y de esta forma no se apague la lámpara del cristianismo que encendió, en los comienzos de la Iglesia, el diácono Felipe. Que la compasión de Cristo eleve nuestro amor a Dios, aunque en estos momentos se encuentre en un "estado crítico".Desde mi corazón de sacerdote y párroco os pido que recéis por el alma de nuestra hija, nuestra querida hija de la escuela de la Sagrada Familia, la primera cristiana fallecida en esta guerra: Cristina Wadi al-Turk.

Murió la mañana del sábado 2 de enero de 2009 a causa del miedo y del frío. Las ventanas de su casa estaban abiertas para proteger a los niños del efecto de la onda expansiva en los cristales. Los cohetes pasaban por encima de su casa, afectando a todos los vecinos y haciendo que todo se moviera amenazadoramente. No pudo soportar todo eso y se fue a quejarse al Creador y a pedirle una nueva casa y un refugio donde no hubiera llanto ni cohetes, ni gemidos sino alegría y felicidad.

Queridos hermanos en Cristo, lo que veis en vuestras pantallas de televisión y lo que oís no es en absoluto todo el sufrimiento real por el que está pasando nuestro pueblo de Gaza. Ni la televisión ni la radio pueden transmitir en toda su amplitud lo que está pasando en nuestra tierra.

El asedio de Gaza es un huracán que crece por momentos hasta convertirse en un crimen contra la humanidad. El pueblo de Gaza hoy, lleva su tragedia al juicio de la conciencia de cada hombre "de buena voluntad". El tiempo venidero será el tiempo del juicio justo de Dios.

Los niños de Gaza, con sus parientes, duermen en los pasillos de sus casas, si es que aún los conservan, o en los cuartos de baño, para protegerse, temblando de miedo por el estruendo y los temblores, los temblores terribles de los cazas F-16.

Os pedimos que elevéis a Dios vuestras más ardientes oraciones y que no se celebre misa ni servicio religioso en que no os acordéis delante de Dios de la tragedia de Gaza. Por mi parte, yo sigo enviando pequeñas cartas a nuestros hijos para alentar la esperanza en sus corazones. Hemos decidido rezar juntos, cada hora, esta oración : « Oh Señor de la paz, danos la paz. Oh Señor de la paz, concede la paz a nuestro país. Ten compasión Señor, ten compasión de tu pueblo y no te enojes nunca con él ». Os pido que ahora os levantéis y que recéis con nosotros. Vuestras oraciones, unidas a las nuestras, moverán a todo el mundo y le enseñarán que el milagro del amor que se ha detenido en el camino y que aún no ha llegado a vuestros hermanos de Gaza, no es el amor de Cristo y de su Iglesia. Para el amor de Cristo y de la Iglesia no son obstáculo las diferencias políticas o sociales, las guerras ni ningún otro tipo de causa. Cuando vuestra caridad llega a nosotros, sentimos que aquí en Gaza, somos una parte que no se olvida de la Iglesia de Cristo, una Iglesia santa, católica, y que nuestros hermanos musulmanes que están entre nosotros forman parte de nuestras familias, de nuestro destino, con los que compartimos todo y con los que formamos, todos juntos, el pueblo palestino.Pero en medio de todo esto, nuestro pueblo en Gaza no deja de rechazar la guerra como solución para la paz, y está convencido de que el único camino hacia la paz es la paz misma. En Gaza somos pacientes y en nuestros ojos se puede leer : « Entre la esclavitud y la muerte, para nosotros no hay opción ». Queremos vivir para alabar al Señor en Palestina y dar testimonio de Cristo. Queremos vivir para Palestina, no morir por su causa. Pero si la muerte un día se nos presenta, moriremos gustosos, con valor y con fuerza.Os rogamos que en vuestras oraciones a Dios le pidáis que nuestro Señor Jesucristo nos dé su Paz auténtica, para que « puedan vivir juntos el lobo y el cordero, el buey pueda pacer con el león, y el niño pueda meter su mano en la boca de la serpiente y ésta no le muerda».

La paz de Cristo, esa paz que nos invita a ser un solo cuerpo, esté con todos vosotros y os proteja. Amén.

Vuestro hermano,
Padre Manuel Musallam,
Párroco de la iglesia latina de Gaza.

11 ene 2009

Hora Santa 15.I.2009

Dentro de unos días celebraremos en la Iglesia la fiesta de la conversión de San Pablo. Su Santidad Benedicto XVI a querido dedicar todo un año a contemplar con calma la figura del gran apóstol de los gentiles, pensando en esto empezamos hoy nuestro rato de oración delante de Jesús Sacramentado[1].

Un conocido filósofo que además de ateo sentía un terrible desprecio por la Iglesia católica, comentaba irónicamente hace algunos años: «los católicos son verdaderamente simpáticos: celebran con una fiesta el día en que Pablo de Tarso deja de matar a los seguidores de Cristo».

Ciertamente celebramos con una fiesta litúrgica la conversión de San Pablo, pero en la Iglesia le damos otro enfoque. Para nosotros más importante que el hecho de que Pablo haya dejado de matar cristianos [–que por supuesto es importante-] es el hecho de que se encontró con Jesucristo y decidió cambiar su camino. Y así como hace unos días decíamos que el Señor no rompe la caña resquebrajada ni apaga la mecha que aún humea[2], hoy decimos que a todos –Pablo incluido- Dios da la oportunidad de abandonar el mal camino y comenzar uno nuevo.

Y es que la conversión es mucho más que un arrepentimiento o una clara conciencia del mal hecho.

La conversión es, sobre todo, emprender un nuevo camino bajo la misericordia de Dios, pero sin dejar de ser uno mismo. Convertirse no es haber sido impetuoso y ahora ser un manso corderito. Convertirse es ser impetuoso…bajo la misericordia de Dios.

San Pablo se convirtió de verdad: siguió siendo el mismo. Cambió de camino, pero no de alma[3].

Y es que a lo largo de la historia ha habido quien, equivocadamente, ha explicado totalmente lo contrario: han recomendado declarar una guerra contra las propias tendencias, ir contra corriente de su alma: así, si eras orgulloso e impetuoso, tenías que volverte humilde y un poco apocado; si eras tímido, tenías que convertirte en atrevido; si eras lento, en rápido; si nervioso, en tranquilo; si impulsivo, en sereno.

Y [Yo] me pregunto ¿es posible que Dios se haya equivocado tanto al hacer los hombres? Si quería que el tímido fuera atrevido ¿por qué no empezó por ahí? ¿Es que acaso a Dios le encanta ver a los hombres pelándose contra su naturaleza?

San Pablo era un violento, un fariseo militante[4], brioso como un caballo pura sangre, enamorado de la lucha contra el cristianismo. Perseguía a los cristianos porque creía que era su deber. Y un buen día Dios le tira al suelo y le explica que toda esa violencia era agua desbocada.

Sin embargo no le convirtió en un muchachito dulce, bueno y pacífico. No le cambio el alma de fuego por otra de mantequilla. Su amor por la ley se transformó en un amor por Jesús y a partir de ese momento se entregó a luchar por Cristo como antes lo hacía contra Él y sus seguidores[5]. Había cambiado de camino, pero no de alma.

Y este es justamente el cambio que se espera de los hombres: que luchemos por el espíritu como hasta ahora hemos peleado por el poder; que nos empeñemos en ayudar a los demás como hasta ahora nos empeñábamos en que nos sirvieran a nosotros.

En pocas palabras: se trata de cambiar de actitud, pero no de cambiar la forma de ser que tiene nuestra alma.

Se vale ser apasionado y brioso como era san Pablo…bajo la mirada amorosa de Dios y todo ése empeño y esa fuerza utilizarla para las cosas de Dios.

Si Dios nos ha hecho inteligentes, a usar esa inteligencia. Si Dios nos ha hecho simpáticos, a utilizar esa simpatía. Si Dios nos ha regalado una manera de ser alegre, a contagiar esa alegría. Si Dios nos ha dado un carácter un tanto reservado o tímido, aprovechar también eso para vivir el silencio y ser un alma contemplativa ¡todo es don de Dios! ¡Todo sirve y aprovecha para su gloria!

Desde luego que hay que utilizar esa misma fuerza para luchar contra nuestras faltas, o nuestra manera de ser a veces egoísta, a veces soberbia, a veces altanera.

Pero la lucha debe ser siempre positiva: Es bueno que asumamos serenamente las partes negativas de nuestra forma de ser, que no nos encerremos en nuestros dolores, mucho menos que los magnifiquemos, y que nos demos cuenta que son infinitamente mayores los dones y las virtudes que Dios nos ha dado, y que tenemos que aprovecharlas.

El Cardenal Newman, que igual de Pablo de Tarso sabía lo que es realmente una conversión y la luz que hace falta para ello, se dirigía a Dios con entrañables palabras:

Guía, Amable Luz, a través de la penumbra,
¡Guíame Tú!
La noche es oscura, estoy lejos de casa;
¡Guíame Tú!
Cuida mis pies; no pido ver el horizonte a lo lejos, me basta un paso.

No fui siempre como ahora; no acostumbraba pedirte
que me guiaras;
siempre quise elegir y ver mi camino,
pero ahora ¡Guíame Tú!
Amé los días relumbrantes, y por encima del miedo
el orgullo me podía: no recuerdes esos años.

Desde lejos tu poder me bendecía;
de seguro podrá guiarme ahora
por rastrojos y malezas, por pendientes y quebradas,
hasta que cese la noche.
Con la mañana sonríen aquellos Ángeles
que yo había amado de lejos y que un tiempo había perdido
[6].

[1] Cfr http://www.annopaolino.org/index.asp?lang=spa
[2] Cfr Is 42, 1-4.6-7.
[3] B. HERNANDO, El grano de mostaza, PPC, Madrid 1991.
[4] Cfr Gal 1, 13-14.
[5] Hech 9, 1-30.
[6] Se trata del célebre poema Lead, Kindly Light, compuesto por John Henry Cardenal Newman (1801-1890) conocido por su participación en el Movimiento de Oxford en el que estudió los fundamentos de la fe desde la perspectiva anglicana a cuyo clero pertenecía. A raíz de sus investigaciones sobre la doctrina enseñada por los Primeros Padres de la Iglesia, llegó a la conclusión de que la Iglesia Católica no podía ser otra que la Romana. En 1845 hizo la profesión de fe en la Iglesia Católica.

8 ene 2009

Hora Santa 7.I.2009


¡Con Vuestra licencia soberano Señor Sacramentado!

Año nuevo vida nueva, suele decir la sabiduría popular, y con mucha razón. A ocho días de haber empezado el año nos ponemos delante de Jesús Sacramentado con fe renovada, con alegría serena, pera pedirle que sea Él el norte de nuestra vida y que nos haga hombres y mujeres nobles y leales.

Hace pocos días, Mons. Mario de Gasperín, obispo de Querétaro, (México) publicó un texto en el que sugiere algunas ideas para vivir un poco mejor en éste año que empieza y que, según algunos analistas financieros, será un año difícil y complicado.

En realidad todo se hace complicado cuando vivimos lejos del Señor; cuando pensamos que podemos hacer nuestra vida al margen de los mandamientos, o que no necesitamos de su perdón o de su ayuda.

Se nos olvida con mucha facilidad el sin mi no podéis hacer nada[1], del evangelio.

«Ante la crisis que se avecina, si no es que ya está encima –dice Mons. de Gasperin- sin duda que los hogares más pobres serán los más afectados. Muchos analistas ofrecen soluciones. Yo quisiera preguntarle a la Sagrada Familia de Nazaret, a Jesús María y José, qué nos aconsejan en este momento, parecido quizá al que sufrieron ellos cuando nació el Salvador. Nos aconsejarían lo siguiente:

1°. La unión familiar. Incrementar la unión de la familia completa: papá, mamá, hijos y, si están los abuelitos, mejor. Evitar toda violencia familiar, los malos tratos y las palabras groseras. La familia que vive mejor es aquella donde hay respeto y reina el amor.

2°. La fidelidad conyugal. Decir no al divorcio; no a los hijos fuera del matrimonio; no a las uniones libres; no a los niños sin papá. Todo esto significa decir "sí" a la vida y al amor. Amor es fidelidad para toda la vida.

3°. Trabajo arduo. Ganarse el pan con el sudor de la frente. El dinero fácil se convierte en trampa; no da felicidad. Pagar el salario justo y evitar la corrupción. Una vida honesta, sin vicios, es siempre una buena inversión.

4°. Ecología familiar. No desperdiciar el pan, el agua, la luz. No contaminar. Dios no hace basura, recicla. Sembrar plantas y flores. La salud es siempre la riqueza mayor.

5°. Ahorro y austeridad. No gastar más de lo que se gana. Evitar comprar fiado y pedir prestado. Todo abuso se paga. Vivir con austeridad es un arte y una virtud cristiana.

6°. Alegría de vivir. Disfrutar de las maravillas de Dios: la vida, la luz, el aire, el sol, el campo, la familia, los amigos. Completar esta riqueza con la lectura de un buen libro, comenzando por la Biblia y el Catecismo. Aprender a escuchar y conversar en familia. Escuchar música seria, no ruido. La cultura es adorno del alma y fuente de felicidad.

7°. Amor a la tierra. No tener tierra sin producir. Hacer en el patio de la casa el huerto familiar. También en macetas. Preferir los productos nacionales y de la región, a los importados. Apoyar siempre a los trabajadores del campo mexicano.

8°. Confianza en Dios. Reconocer el poder de Dios y de su divina Providencia. Dios es defensor del pobre. Ser agradecidos. Asistir a Misa todos los domingos. Dar a Dios y al César lo que corresponde a cada uno: Cumplir con los diezmos y pagar los impuestos.

9°. Oración en familia. Rezar juntos ante el altar familiar. El Rosario es lo mejor, y más si se añade una pequeña lectura de la Biblia. Repasar con los hijos los Diez mandamientos. El santo temor de Dios es el camino hacia la felicidad.

10°. Ser solidario. No olvidar que hay siempre alguien más necesitado que nosotros. Tener algo para compartir y jamás negar el pan a quien padece necesidad. A la autoridad civil corresponde la justicia, la salud y la alimentación del pueblo; "pero no hay orden estatal, por más justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor"[2].

Somos testigos del amor de Dios en el mundo. Amor a Dios y al prójimo son dos rostros del mismo amor»[3].

Vamos a preguntarnos en la presencia del Señor en cuál de éstos diez puntos podemos mejorar (seguramente en todos); y a hacer, delante de Él, algún propósito concreto, algo que podamos cumplir.

Y a ponernos bajo la mirada amorosa de la Santísima Virgen: Bajo tu amparo nos acogemos, Santa María Madre de Dios, no desprecies nuestras súplicas en las necesidades, ante bien líbranos de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

[1] Cfr Jn 15, 5b.
[2] Deus caritas est, n. 28.
[3] Cfr http://www.zenit.org/article-29690?l=spanish

7 sept 2008


Oriens proviene del término latino orior, que designa al sol naciente, es decir, el sol del Oriente. Oriens es un término que significa también nacer, producirse, levantarse, salir, griterio, clamor, empezar. Todas éstas son las acepciones del término, que en un contexto cristiano se aplican a Jesucristo, a quien reconocemos como el Sol de Justicia ■

con el Sol en los brazos


En el evangelio encontramos en término Oriens en boca del mismísimo Zacarias, padre de Juan el Bautista y esposo de Isabel. Su historia -llena de acontecimientos maravillosos- la narra San Lucas en su evangelio (1, 5-25; 57-80). Zacarías, al momento del nacimiento de su hijo y lleno del Espíritu Santo, recita el célebre Benedictus, y lo hace tan lleno de fe, reverencia y devoción, que la Iglesia ha establecido que se rece diariamente en la Liturgia de las Horas:

Benedictus Dominus Deus Israel,
quia visitavit, et fecit redemptionem plebis suae:
Et erexit cornu salutis nobis
in domo David pueri sui.
Sicut locutus est per os sanctorum,
qui a saeculo sunt, prophetarum eius:
Salutem ex inimicis nostris,
et de manu omnium qui oderunt nos:
Ad faciendam misericordiam cum patribus nostris:
et memorari testamenti sui sancti:
Iusiurandum, quod iuravit ad Abraham patrem nostrum,
daturum se nobis;
Ut sine timore, de manu inimicorum nostrorum liberati,
serviamus illi.
In sanctitate et iustitia coram ipso,
omnibus diebus nostris.
Et tu puer, propheta Altissimi vocaberis:
praeibis enim ante faciem Domini parare vias eius:
Ad dandam scientiam salutis plebi eius:
in remissionem peccatorum eorum:
Per viscera misericordiae Dei nostri:
in quibus visitabit nos, oriens ex alto:

Illuminare his qui in tenebris et in umbra mortis sedent:
ad dirigendos pedes nostros in viam pacis ■

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz
Ilustración: British Library Add. MS 59874 Ethiopian Bible - Annunciation to Zechariah (Ge'ez script)

1 sept 2008

¿Hasta cuando?

Señor Jesús, te entrego mis manos para hacer tu trabajo.
Te entrego mis pies para seguir Tu camino.
Te entrego mis ojos para ver como Tú ves.
Te entrego mi lengua para hablar tus palabras.
Te entre mi mente para que Tú pienses en mi.
Te entrego también mi espíritu para que tú ores en mi.
Mi corazón, para que ames a tu Padre y a todos los hombres.
Te entrego, en fin, todo mi ser para que crezcas Tú en mi, para que seas Tú, Cristo, quien viva, trabaje y ore en mi. Amen ■ Margarita Diego